Comprar bitcoins: una moneda virtual con una gran especulación

La tecnología ha simplificado demasiado los procesos y comprar bitcoins es hoy una realidad. Hacemos clic y charlamos por videoconferencia (y gratis) con personas de cualquier rincón del planeta, seguimos las rutas que nos recomienda una voz instalada en el salpicadero del coche y jugamos a ‘Call of Duty’ con gente a la que jamás veremos la cara. Todo resulta sospechosamente simple, sospechosamente cómodo y sospechosamente barato. Es la magia de la Red.

Los avances que más dudas han despertado entre los internautas han sido aquellos que tienen que ver con su dinero. Millones de personas siguen sin fiarse de eBay y de Amazon, y prefieren dejarse caer por la oficina del banco antes que arriesgarse a ordenar una transferencia online (cabe suponer que están más dispuestas a viajar a China a por un lote de memorias USB que a encargarlas por Internet).

En este club de inventos temibles la reina es Bitcoin, creada hace cuatro años por una o varias personas ocultas bajo el nombre de Satoshi Nakamoto. La suya fue una idea brillante, transgresora, extraordinariamente compleja a ojos del mortal que intenta bucear en sus entrañas pero elemental cuando se observa desde la superficie. Bitcoin es una moneda, igual que la libra esterlina o el peso argentino, aunque con algunas diferencias:

Nadie puede ir con bitcoins al supermercado: es dinero digital, con el que solamente se puede operar por Internet.

No es un servicio como PayPal, que permite cambiar dinero por créditos cuyo valor coincide con la cantidad de dinero inicial. Es, repetimos, una moneda en sí misma.

Se trata de una moneda que no depende de ningún estado ni de ninguna entidad, y que no necesita intermediarios: las Bitcoins, mediante un proceso tan elemental como el envío de un mensaje de correo electrónico, viajan en un instante de la cartera virtual de un comprador a la cartera virtual de un vendedor.

El valor de Bitcoin depende de la demanda y del número de transacciones. Se supone que, al tratarse una moneda independiente, es muy estable, y está pensada para que la cantidad de Bitcoins en circulación nunca supere los 21 millones.

Las bitcoins se pueden comprar (igual que con libras pueden comprarse pesos de acuerdo con un tipo de cambio determinado) o se pueden generar (mediante un proceso llamado “minería”: http://www.youtube.com/watch?v=Um63OQz3bjo).

Bitcoin, en contra del espíritu con que se fundó (como una nueva forma de intercambio en manos exclusivamente de los usuarios), se ha convertido en un caramelo para los especuladores. Al tratarse de una moneda que no depende de ningún agente externo sino de su propio comportamiento, los inversores pueden comprarla por una cantidad hoy, juguetear y venderla (cambiarla) por el doble al día siguiente. De hecho, en cuestión de minutos Bitcoin ha llegado a perder más del 50 por ciento de su valor, prueba de que la estabilidad deseada por sus creadores, resulta imposible. Es el gran inconveniente de un producto seguro, de planteamiento más que saludable y con un futuro incierto.