Caso Madoff: una estafa piramidal “made in Wall Street”

En diciembre de 2008 la economía mundial se vio sacudida por el descubrimiento de una de las mayores estafas ocurridas en el sector financiero. El FBI detenía a Bernard L. Madoff como máximo responsable de un delito de estafa que causó pérdidas de 50.000 millones de dólares (unos 37.500 millones de euros) a sus clientes, entre ellos el Banco Santander y el BBVA, destapando un “esquema Ponzi” de increíbles proporciones.

Bernard Lawrence Madoff pasaba por ser uno de los inversores más activos de los últimos 50 años y uno de los pocos financieros que realizaba operaciones de gestión y venta en las empresas que le pertenecían. Su credibilidad estaba fuera de toda duda, gracias a que había sido presidente del consejo de administración del índice Nasdaq de Estados Unidos y uno de sus fundadores. Esta condición le permitió atraer a buen número de millonarios que confiaron no sólo en su prestigio, sino en las altas rentabilidades aseguradas (entre un 8 y un 12%) independientemente de los movimientos de la Bolsa.

“Bernnie” Madoff era propietario de Madoff Investment Securities (BMIS), una empresa de asesoramiento e intermediación bursátil creada en 1960 que, en las últimas décadas se había especializado en operar con acciones, crear mercados y aconsejar a inversores. Para asegurar las rentabilidades citadas y atraer a los inversores, Madoff explicaba que desarrollaba una estrategia de inversión conocida como “split strike conversión” y que consiste en comprar acciones de grandes compañías y opciones de compra y venta de esos mismos títulos.

Sin embargo, Madoff en lugar de operar en Bolsa con el dinero de sus inversores se dedicó a construir un sistema financiero piramidal. De esta forma, al recibir nuevos fondos aportados por un nuevo inversor, BMIS no los utilizaba para comprar acciones de grandes compañías u opciones de comprar. Por el contrario, invertía una pequeña parte y el resto lo empleaba en pagar a los antiguos inversores las rentabilidades acordadas.

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El sistema, conocido como “esquema Ponzi”, funcionó sin problemas hasta que la crisis financiera redujo la entrada de capital. La carencia de nuevos inversores empezó a dificultar los pagos de las rentabilidades prometidas por Madoff. Aún más cuando muchos inversores deseaban recuperar su dinero y éste no existía, pues se había empleado en pagar las altas rentabilidades correspondientes a los primeros inversores.

Lo curioso del caso es que las operaciones de Madoff superaron todos los controles del organismo regulador. Para ello, utilizó diferentes estrategias. Por un lado, su empresa era auditada por un pequeño y desconocido gabinete, alejándose de la mirada de las grandes consultoras (Deloitte, PWC, Ernst & Young…). Por otro, y respecto de los órganos reguladores, Madoff aseguraba operar en “hedge fund”, fondos de inversión de alto riesgo sometidos a escasas regulaciones a cuyas cuentas no tenían acceso los clientes mediante Internet, sino que Madoff les remitía los resultados utilizando el correo ordinario. Las investigaciones que la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, en inglés) realizó sobre las empresas de Madoff en 1992 no descubrieron nada ilegal e, incluso, varias denuncias contra sus métodos fueron archivadas. De igual forma, Madoff rechazaba explicar su política de inversiones de forma interna, siendo el único que podía decidir sobre ellas y, regularmente, rechazaba el acceso a potenciales inversores.

No obstante, es muy probable que el fraude de Madoff no hubiera sido posible sin la propia avaricia y credulidad humana. Es de suponer que el “hombre económico racional” debe elegir la inversión que promete unos beneficios más altos. Un aspecto psicológico que nubla la visibilidad sobre los posibles riesgos y acalla las preguntas sobre cómo se obtienen tan altos dividendos. Además, el prestigio del gestor pudo hacer el resto, bien aderezado con cierta “mentalidad de rebaño” que llevó a muchos inversores a confiar en Madoff sin pensar en la mínima crítica.

La banca también se vio afectada por las operaciones de Madoff al invertir el dinero de sus clientes en BMIS a través de sociedades y gestoras de grandes patrimonios. En España, el Banco de Santander, con 2.320 millones de euros invertidos a través de Optimal (un fondo que invierte en otros fondos), y el BBVA, con unos 400 millones de euros, se vieron afectados por el fraude de Madoff. No obstante, no afectó a pequeños ahorradores, toda vez que la inversión en “hedge fund” precisa de una inversión mínima muy elevada y, en el caso de Madoff, la inversión en dichos fondos se hacía prácticamente por invitación.

Madoff fue condenado el 29 de junio de 2009 a 150 años de prisión (la pena máxima que el juez federal Denny Chin podía imponer) por haber cometido “delitos extraordinariamente maléficos”. En junio de 2010, desde la Institución Correccional Federal de Mediana Seguridad Butner, Madoff concedió una entrevista a The New York Magazine en la que aseguraba que no se arrepiente ni siente los daños causados a sus estafados: “Que se jodan mis víctimas, eran avaros y estúpidos”.