Banesto: credibilidad de los particulares y empresas después del mandato de Mario Conde

El 28 de diciembre de 1993 Banesto contaba con siete millones de clientes, alrededor de 500.000 accionistas, 15.000 trabajadores, participación en cincuenta empresas… y un agujero patrimonial de más de 3.500 millones de euros. Esta situación provocó la intervención de la entidad por parte del Banco de España, la destitución de su consejo de administración y la caída en desgracia de su presidente, Mario Conde, considerado un joven tiburón de las finanzas y todo un ídolo de masas en la época: joven, elegante, carismático, inteligente… La viva imagen del hombre hecho a sí mismo.

Sorprendentemente, aquel 28 de diciembre no supuso el fin de la entidad. No se produjo una fuga de clientes y la acción fue valorada pocos meses después por encima de lo esperado (5,14 euros). A grandes rasgos, la gente pareció darse por satisfecha con la marcha de Conde, para quien comenzó un penoso peregrinaje por la cárcel y los juzgados en el que no faltaron los rumores de sombrías tramas contra el exbanquero. Hoy, para terminar de rizar el rizo de uno de los casos de corrupción más impactantes de nuestra historia, el antiguo presidente de Banesto juega a ser escritor y estrella de la televisión. Incluso, se ha atrevido a emprender la aventura política.

¿Por qué se siguió confiando en Banesto a pesar de todo? Básicamente, porque, tras la subasta posterior al escándalo convocada por el Banco de España, la entidad se convirtió en filial del Banco de Santander por 310.000 millones de euros, operación que convirtió a la firma de Emilio Botín en el líder de su sector en España.

Bajo la tutela de Alfredo Sáenz Abad (quien también ha tenido serios encontronazos con la justicia por varios delitos de acusación y denuncia falsa), la vida continuó para Banesto, que llegó a convertirse en uno de los bancos más activos en el ámbito tecnológico y que, durante la crisis, ocupó una parte importante del hueco dejado en las áreas rurales por las arruinadas cajas de ahorros.

Sí, la crisis… En plena recesión, Banesto lanzó una paternal campaña de publicidad y comunicación en clara alusión a su turbia década de los noventa: “Somos el banco que aprendió a hacer las cosas de otra manera”. Insuficiente. En diciembre de 2012, el Santander anunció la absorción de su filial por cuestiones puramente estratégicas y, en 2013, Banesto desapareció. Un final discreto, como de puntillas, para la entidad que lo había puesto todo patas arriba veinte años antes.