Ayuntamientos corruptos en España: contratos a dedo y demás delitos políticos

La corrupción en España por parte de aquellos que ostentan el poder gracias al voto del pueblo está alcanzando límites que rozan el surrealismo y la vergüenza. El incremento de casos, la mayoría de ellos en proceso judicial, hace dudar de la estabilidad del sistema político e incluso económico de España.

Si echamos la vista a los ayuntamientos que gobiernan nuestras ciudades y pueblos, la injusticia y la resignación se adueñan de los miles de ciudadanos que ven cómo aquellos elegidos para representarlos, se ríen en sus caras y hacen y deshacen lo que les viene en gana.

Un ejemplo de ello son las colocaciones a dedo que existen en todas (y digo todas porque ninguna se salva de ello) las casas consistoriales de España. Sin ir más lejos, el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por el Partido Popular, es un claro ejemplo. Ana Botella, la mujer del que fuera presidente del Gobierno durante dos legislaturas José María Aznar, llegó a la alcaldía de la capital del Estado sin la voz ni el voto del pueblo. Pero bueno no voy a entrar en esa cuestión porque lo que verdaderamente ha abierto la caja de pandora no ha sido otra cosa que el dedazo de colocar a la hermana de la más temida en el PP, Esperanza Aguirre. Sí, una de las hermanas de la que fuera presidenta de la Comunidad de Madrid se coló en el ayuntamiento madrileño sin ningún tipo de esfuerzo. Y es que en España, señores, las becas (que hoy en día están en peligro de extinción) y los concursos públicos son una auténtica farsa, porque están completamente amañados.

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A pesar de que aseguran que ahora no hay dinero para convocarlos, ellos, mientras, meten a quien les viene en gana porque para eso sí que hay dinero. Una triste realidad que remueve a la sociedad hacia la desconfianza y la repugnancia por ver cómo los que están arriba les mienten y les roban las oportunidades de prosperar. A estas alturas sería una deshonra no reconocer que el bienestar de los españoles les importa menos que nada. Da igual la fuerza política de la que hablemos, porque todas buscan el poder. Un poder basado en el beneficio propio y el de los suyos.

Ya se ha convertido en pan de todos los días ver en las noticias las tramas de corrupción, lo que genera una mayor inseguridad y desconfianza en la población española. La palma se la lleva la comunidad andaluza, con multitud de procesos judiciales abiertos en sus ayuntamientos, aunque ninguna está exenta de los escándalos políticos. A la palestra han saltado los casos más mediáticos, como el Malaya, de corrupción urbanística, que hizo saltar todas las alarmas y abrir investigaciones sobre el ladrillazo que estaban cometiendo la mayoría de ayuntamientos; la operación Ballena Blanca, de blanqueo de capitales; el caso Palma Arena, con más de una treintena de imputados, entre los que se encuentra el que por entonces era presidente de Baleares.

El caso Gürtel nos dejó atónitos, y cada día que pasa hay más gente involucrada. La corrupción política se ha convertido en una asignatura pendiente en España difícil de sobrellevar.

Pero, sin duda, el que más ha sobrecogido a la sociedad ha sido el caso Noos, que ha salpicado a la Casa Real Española. Su principal imputado no es otro que el duque de Palma, Iñaki Urdangarín. Una vergüenza que se extiende hasta fuera de nuestras fronteras y que hace que España se acerque, cada vez más, al abismo de la perdición.