Impuesto sobre bienes inmuebles o IBI: valor catastral y otros datos de interés

Cuando hablamos de impuestos, a nivel general existe bastante confusión entre los mismos. El impuesto es la forma en el que Estado grava un bien o servicio. Es decir, lo que nos “cobra” por ser el garante del mismo. Así las cosas, los impuestos son múltiples y afectas a diferentes facetas o actividades. En este caso, trataremos el IBI (Impuesto sobre bienes inmuebles).

En primer lugar, diremos que, como su propio nombre indica, éste se encarga de gravar los inmuebles y propiedades de los ciudadanos. Al tener un claro concepto local, de éste se encargan los ayuntamientos junto con la Administración Pública. Digamos que el control local va a ayudar a situar las respectivas propiedades, y que posteriormente ese dinero recaudado por al Ayuntamiento respectivo revertirá en el Estado.

De esta forma, cualquier tipo de propiedad está sujeta a este pago. Por ello, se diferencian dos tipos de inmuebles: rústicos y urbanos. El hecho de que se designe a uno u otro, depende del tipo de suelo sobre el que se encuentre el enclavamiento. Los suelos urbanos construidos, por ejemplo, no tienen la misma categoría que una parcela de campo sobre la que hay una casita de madera. Por tanto, el tipo de construcción y medio sobre el que se sujeta son los factores clave que van a decidir si es rústico o urbano.

En cualquier caso, ambos van a ser cobrados. A nivel general, cualquier construcción que esté continuamente anclada sobre el suelo va a estar dentro del IBI, incluso las que pueden ser desmontadas y transportadas posteriormente. No importa el material con que se haya realizado dicha construcción, su uso ni su ocupación. Aunque fuera la primera vivienda de una familia, como si es una vieja casa de verano sobre el campo, va a estar obligada a ser gravada del mismo modo.

Por otro lado, hay otra serie de muebles inmuebles de caso particular. Éstos son algunos con particularidades especialmente tipificadas. A saber: los que incluyen embalses, autopistas, carreteras, aeropuertos, centrales nucleares, de gas o de electricidad. Además, también encontramos en este lugar aquellos puntos que tienen como objeto la producción de energía hidroeléctrica o petróleo. En el otro lado del IBI, están algunas excepciones que no están sujetas al pago.

Éstas son las propiedades públicas del Estado, así como las municipales, las autonómicas, las de la Iglesia Católica y Cruz Roja Española, las línea de ferrocarril, y en general todos los lugares considerados como protegidos históricamente o de interés cultural.

Pues bien, este impuesto determina la cuantía a pagar según el valor de dicho bien. Esto es el llamado valor catastral. Ese valor lo estipulo un órgano específico encargado de ello, el Catastro. Una vez que se estipula su valor catastral, ya tenemos la base imponible. A ésta hay que restarle posteriormente una cantidad correspondiente a las revalorizaciones colectivas del inmueble. Una vez aplicada esta reducción a la base imponible, nos queda la base liquidable. A esta base liquidable, finalmente, es a la que se le aplica el tipo de gravamen según si es bien rústico, urbano o de categoría especial. Si se diera el caso, se le aplica alguna bonificación especial que le corresponda (como las de las viviendas de protección oficial, o las de Ceuta y Melilla), y ya resulta la cantidad total a pagar (con carácter anual siempre).

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