Eliminar rastro de internet es posible

Hoy en día Internet es un escaparate al mundo que muestra nuestras bondades, pero también nuestros trapos sucios. Podría decirse, por tanto, que es un arma de doble filo: por una parte, la red se presenta como un escenario ideal para exponerse a un mundo que apenas tiene barreras y en el que la comunicación fluye de manera rápida y casi ilimitada; pero, por otra parte, puede ser un entorno que roza en muchas ocasiones la “alegalidad”, en el que cualquiera puede utilizar las diferentes herramientas para calumniar o desprestigiar a algo o a alguien.

Y es que uno no elige tener reputación, sino que viene de serie y es fabricada por las opiniones que aportan las personas. En la red puede parecer imposible controlar su alcance: en apenas unas horas una información puede dar la vuelta al mundo y provocar grandes daños, especialmente cuando se trata de marcas, empresas o personajes públicos. Eliminar rastro de internet: yourhappybusiness.com/servicios/eliminar-rastro-internet

¿Es importante controlar la reputación online?

Como consumidores es habitual que, antes de decantarnos por un producto u otro, busquemos información sobre la marca y realicemos un pequeño tiempo a valorar si es un artículo recomendado, qué valoraciones hicieron otros usuarios, qué confianza nos da la firma que lo respalda, etc. Por tanto, es esencial que las empresas dediquen parte de su tiempo a ofrecer una cara amable a los buscadores y a controlar qué referencias se están haciendo desde fuera de la compañía. Y es que, al final, la imagen de marca no solo la construyen las organizaciones, sino el público que contacta, compra, comenta, valora y, de alguna manera, interacciona con la firma, construye su opinión y la difunde.

¿Es posible regular los contenidos en la red?

En este sentido es necesario realizar una estrategia que incluya, en primer lugar, un conjunto organizado de acciones de monitorización online (examinar qué comentarios hay en Internet y de quién provienen, sobre todo) y, por otra parte, controlar los canales de máxima difusión, como son las redes sociales y también los foros y los blogs donde los usuarios pueden verter opiniones libremente.

Es decir, olvidarse de que la imagen corporativa es una cuestión que solo afecta a la propia empresa y a sus labores de comunicación y vigilar los contenidos que proceden del exterior.